Después que el Dios del amor y el Himeneo nos enlazaron, para dicha nuestra,en nudo santo el corazón y el cuello. Que en pecho femenil llega al exceso el temor y el amor. Allí residen en igual proporción ambos afectos, o no existe ninguno, o se combinan este y aquel con el mayor extremo.
Cuan grande es el amor que a vos me inclina. No dudaré que el corazón te dicta lo que aseguras hoy: fácil creemos cumplir lo prometido y fácilmente se quebranta y se olvida. Los deseos del hombre a la memoria están sumisos, que nace activa y desfallece presto.
Difícilmente nos acordamos de llevar a efecto promesas hechas a nosotros mismos, que al cesar la pasión cesa el empeño. Amor, como la suerte, es inconstante: que en este mundo al fin nada hay eterno, y aun se ignora si él manda a la fortuna o si ésta del amor cede del imperio.
Si el poderoso del lugar sublime se precipita, le abandonan luego cuantos gozaron su favor; si el pobre sube a prosperidad, los que le fueron más enemigos su amistad procuran y el amor sigue a la fortuna en esto que nunca al venturoso amigos faltan, ni al pobre desengaños y desprecios.
Por diferente senda se encaminan los destinos del hombre y sus afectos, y sólo en él la voluntad es libre; mas no la ejecución, y así el suceso nuestros designios todos desvanece.
Luces me niegue el sol, frutos la tierra, sin descanso y placer viva muriendo, desesperada y en prisión obscura su mesa envidie al eremita austero; cuantas penas el ánimo entristecen, todas turben al fin de mis deseos y los destruyan, ni quietud encuentre en parte alguna con afán eterno.
Con tranquilo descanso y nunca el Cielo en unión tan feliz pesares mezcle.
o1, de cualquier mes.