
Y aquella ves fue unica, como si de verdad se tratase de un baile de ninfas, en un bosque con largos trajes blancos, celestes. En ese bosque de mi niñez con aroma fresco, humedo y la tierra con un suave manto de rocio matutino, casi del Alba, se podia sentir al pisar un frio calido, refrescante, entre los dedos del pie. Cientos de Arboles imponentes, firmes sabios, con largos y texturizados troncos, miles de ellos como si de un racimo saliesen. Y sus cuerpos a mucha altura conformaban un cielo tupido de hojas, de distintos tonos, verdes, amarillas, cafes. De todos tamaños, y el sol intentando cruzar aquel manto verdoso, logrando traspasar uno que otro rayo para descansar en el suelo de su largo viaje. Silencio...
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