
Algo dentro de mi, algo afuera. Algo mas allá, algo donde nadie encuentra y algo en este mundo. Estaba yo en mi cama, solo. Mis padres habian salido a trabjar como de costumbre. Disponiendo de un sueño entre este mundo y el otro, un pito invadio de frio mi pieza y majestuoso se impuso al silencio de la noche. Un poco aletargado le presté atencion creyendo ser mis oidos quienes habian compuesto estridente melodia, pero pronto mi cuerpo advirtio algo mas. Sin entender cuanto tardó, entre que segundo y otro ocurrió, mi cuerpo comenzo a recibir un aliento osilante, frio. Viajaba por el contorno de mi espalda, dibujando bocetos de viajes de mapa en blanco. Mi piel casi en llamas lo convertia en hielo, aún mas helado que el corazon de la persona mas sola en este mundo. El miedo activaba cada punto que el extraño acariciaba con su éter. Pero no el miedo al extranjero nocturno, el miedo al miedo.
Mi cuerpo empapado de sudor, petrificado queria voltearse para encarar al sútil volatil de la penumbra, pero estaba inherte. Aún me pregunto si habrá sido la cama o mi Alma quien saltaba para acceder a otro plano, para abondonar ese terreno, solo reconoci el movimiento, simil al caminar del Mar.
Encerrado en el miedo del no saber la proxima accion de tu acompñante nocturno, pedi ayuda a mi abuela, asistencia a ese horror casi indesifrable, imperseptible al concreto de la casa. Cuando mi mente logro alinear las palabras -Abuela por favor, !Ayudame!- Se siente el suspiro de un aliviado descanso o quizá hastío del visitante, dejandome tendido en la cama. Logré moverme en el espacio de un minuto.
Sombras danzaban en el aire, como siluetas. Manchas aleatorias de una pintura mas negra que túnel sin salida. Atisbé mas de tres veces acercase a mi. Se mantenian en vigilia permanente. El aire comenzo a moverse junto con el espacio. Una habitacion a presion. Tantas sensaciones para aquel cuarto eran de coleccion, las mantenia allí, inmoviles. Si alguien entrase podria pasar por cada rincon adivinando cual era el sentimiento de cada reino. Cada sensacion y sombra se iban impregnando en las murallas, en el ladrillo, en la pintura y puerta, desapareciendo, ocutlandose quizá para reivivir algun dia, cuando solo me encuentre recostado en la Cama.
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